jueves, 25 de septiembre de 2014

El Cuento de Alma ...

A partir de la lectura del cuento de ciencia ficción "Exilio" de Edmond Hamilton, la maestra de 5ª "D" , propuso una actividad de escritura, en la que los niños debían crear un mundo con reglas diferentes al nuestro, siendo lo mas minuciosos posible.
Les presentamos la producción de una de las estudiantes ... Alma Santiago.
Mundo-Imagen

Este era el mundo-imagen, donde  los habitantes hace rato que no leían, no escribían, no charlaban.
No pensaban más que por imágenes.
Una sucesión de imágenes, una tras otra, habían ido configurando su mundo, sus paredes, sus habitantes.
Un mundo donde todos tenían cabeza de cámara de fotos: los niños de digitales y los adultos de analógicas, réflex y ruidosas.
Las casas, las calles, los monumentos, las plazas, eran las fotografías que alguna vez se habían tomado de ellas.
Los más ricos tenían por cabeza modernísimas tablets, y los más pobres cámaras oscuras hechas con elementos reciclables.
Claro que el revelado era tan caro, que, para estos últimos, hacer que crezca su mundo era una lucha cotidiana. Las fotos que con ellas sacaban y hacían “su lado del mundo” siempre estaban lejos de los lugares céntricos y más visibles, por lo que se perdieron muchas veces grandes obras de grandes artistas pobres.
Las personas, además de su cabeza de cámaras tenían el cuerpo de una antepasada foto. Es decir, esa imagen hecha cuerpo.
Era curioso ver las plantas en blanco y negro en el balcón de algún anciano, y absolutamente sorprendente las fotos 3D de los barrios más adinerados.
Las partes del mundo fotografiadas por niños eran divertidísimas; llenas de colores, algunas de movimientos incomprensibles, otras desde su bajito punto de vista mostraban las cosas desde un ángulo diferente.
La única tarea de este mundo era la de reproducir y ampliar sus horizontes, pero al haber perdido su capacidad de pensar, su capacidad de crear, los habitantes solo se copiaban a sí mismos una y otra vez.
Cada tanto algún borracho sacaba una foto medio torcida, fuera de foco y eso le daba algo diferente al Mundo-Imagen.
Mientras los suburbios se esforzaban por mostrarse, aunque fuese en blanco y negro y con sus cabezas-cámara hechas reciclando, el centro los ignoraba. Ese blanco y negro hacía su pobreza aún más dramática.
Pero un día, desde la imagen de una maceta de lata que había en una casa pequeña del barrio más pobre, nació una flor colorada. Una flor verdadera.

Alma Santiago

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